lunes, 2 de marzo de 2015

Birdman: bendita vencedora.

Con una semana de retraso, y tras un año sin actualizar el blog (que no sin escribir; acabáramos) aquí llega mi modesta crónica de los Oscars. 

Mejor película: Birdman.
La gran triunfadora de la noche, de forma merecida, la original, pintoresca y descabellada película del mexicano Alejandro González Iñárritu. Acostumbrados a su cine cargado de tragedia y de drama (‘Amores perros’, ‘21 gramos’ y  sobre todo ‘Biutiful’ son tres buenos ejemplos), con Birdman hace las paces con lo estéticamente correcto (si se me permite acuñar este término) y nos cuenta la miseria humana de una forma más urbana, menos desagradable y en definitiva sin sobrecargarla de putas, drogas duras, cuerpos desfigurados y sexo (que ojo, ya gusta, y mucho; pero no como discurso único). Salí del cine contento de haber visto una buena película con un reparto a la altura de las mejores y una burla fantástica de todo lo que gira en torno a ese circo que es Hollywood y la industria del cine en general. Para mí el punto diferencial con respecto de sus competidores por la estatuilla es que Birdman tiene destellos de extraordinaria que aunque poco constantes a lo largo de la película, no se manifiesta en ninguna de las demás candidatas al Oscar.


Mejor director: Alejandro G. Iñárritu por Birdman.
Sin ser un entendido de cine en lo que a técnica se refiere, y desde la visión de un mero fanático de sofá, me parece digno de destacar su plano secuencia, y seguramente eso le ha hecho alzarse con la estatuilla de mejor director. La competencia de este año era la que era, todo sea dicho, así que de nuevo: más que merecido.

Guión: Birdman.
La idea me parece genial: aprovechar el Batman de Tim Burton para lanzar al vuelo constantes mensajes envenenados a la industria del cine y sobre todo a la crítica. Hay en el filme diálogos de mucha calidad, y me parecen brillantes, conceptualmente los personajes de Edward Norton y Emma Stone. Una historia del éxito, del fracaso. De querer ser, o querer gustar. ¿Es más importante ser uno mismo? ¿O vender? 

Mejor actor: Eddie Redmayme
He aquí mi gran desilusión de la noche. El no-Oscar de Michael Keaton. Salí del cine tocado por la varita de las grandes interpretaciones. El papel me parece fuera de serie, una capacidad única de viajar entre registros en cuestión de micro segundos y un repertorio de carantoñas y muecas cercanas a las del mejor e indiscutible Jack Nicholson.
En detrimento de Keaton sale vencedor un jovencito (33 años) londinense que nos regala en ‘La teoría del todo’ una interpretación espectacular, de acuerdo. Ni un pero se le puede poner al encargado de encarnar (magistralmente) al físico Stephen Hawking. Para los que conocemos la ELA de cerca, la interpretación es un azote de cruda realidad que hace muy complicado concentrarse en la película por lo borrosa que se vuelve la pantalla a lo largo de las 2 horas que dura la cinta.
Quizás mi único punto es que no deja de ser una “imitación” (imitación Cumm Laude, eso sí) de alguien que existe, de esas que tanto gustan a la Academia, y en defensa de Keaton hablan los múltiples personajes que logra incluir en un solo papel. Aun así, bravo Eddie Redmayne y por supuesto mención especial a su discurso de auténtico número 1 acordándose de todos los enfermos de ELA. Huele a actorazo en potencia.
Y me sabe mal, porque creo que la Academia ha cedido a “lo fácil”, y a uno ya le cansa que cada vez que se encarna a un personaje real (Lincoln, Ray Charles, Thatcher...) si la interpretación es digna, ya no tiene rival para el Oscar.

Mejor actriz: Julianne Moore. Probablemente el Oscar más cantado de la noche. No puedo opinar por no haber visto la película. Pero se cumplieron los pronósticos.

Actor de reparto: J.K. Simmons. Tan solo hay que ver Whiplash y no hace falta saber quién más optaba al Oscar. Dudo que las casas de apuestas pagaran muy caro su premio. Soberbia actuación y memorable discurso.



Actriz de reparto: Patricia Arquette. Lo único que salva Boyhood. Me cuesta abstraerme del profundo desagrado que me causó la película para valorar únicamente el papel de Arquette. Lo que sí diré es que el 'acceptance speech' me pareció peor que flojo y que rozó el bochorno, por facilón y populista. Y cómo no, ahí estaba Meryl Streep, aplaudiendo cual posesa en primera fila. Y como Meryl aplaude, la crítica está de acuerdo en que el discurso fue bestial.

Menos mal: que no ha ganado Boyhood. De lo contrario, el título de la ganadora del año pasado bien podría haber sido premonitorio para justificar la elección: 12 años de esclavitud. Si el único argumento para ganar es un rodaje atípico que se prolongó 12 años, mal vamos. Y bien hace la Academia de no claudicar y de al fin y al cabo no ser esclava de esos 12 años. La película es un bodrio insufrible, en el que no pasa nada, que busca emociones simplonas y con demasiados tramos (y demasiado largos) propios de película de serie B de sábado por la tarde en esa cadena televisiva española que celebra ahora sus 25 años de emisiones (14 de anuncios).

Lo mejor: Sean Penn entregando el Oscar de la noche a la mejor película. Uno no se da cuenta de la mediocridad de algo hasta que aparece un genio y hace patente las carencias de todo lo demás. Colosal con su simple presencia y su elegante y magistral temple despreocupado para poner el punto emocionante y el chiste de la noche.


Porque hay quien necesita extender un cheque y comprar el mejor reloj, un traje a medida, un estilista que dicte su look, un deportivo de lujo y un cacharro de museo al lado para pensar que es elegante. Y aun son esos mismos los que suelen convertirse en horteras y snobs a partes iguales (o la mezcla de ambos). Y sin embargo, ahí tienen ustedes a Sean Penn: con cara de desprecio ilustrado, un bigote “no lo intenten en sus casas” y su rara belleza. Y con un par de muecas y adueñándose del tempo (como ningún otro supo lograrlo en toda la gala), tiene a medio planeta más que en vilo (esperando conocer la mejor película del año) admirando su clase. Y lo que los perseguidores de la elegancia o la clase no saben es que Sean Penn podría haber salido vestido en neopreno y pies de pato a dar el Oscar, y hubiera continuado siendo el más elegante. (Se es o no se es).

Dentro de la categoría de “lo mejor” no quisiera olvidarme de Zoe Saldana, Naomi Watts…vamos, las de siempre.

Lo peor: Meryl Streep manipulando el momento “In memoriam”y tratando de adueñarse del sentimiento de pérdida hacia todos aquellos que nos han dejado este año: y el resultado fue que más que darle sentimiento pareció un profesor de catequesis dirigiendo unas palabras a sus alumnos guitarra en mano antes de cantar cumbayá.
Para mí Meryl Streep no logra quitarse la etiqueta de repelente “sabelotodo”, de madrastra controladora, de mojigata: es la imagen de la perpetua “virgen hasta el matrimonio”. Eso sí, también es la mejor actriz que hay ahora mismo en la capa de la tierra (sin lugar a dudas). Lástima que se lo crea, porque le faltó autenticidad, frescor y gracia.

El gran olvidado: el cirujano de Julie Andrews, que sin duda merecía un Oscar honorífico, ya que al lado de John Travolta la veterana actriz parecía su hija y tiene la friolera de 20 años más que él.


Como siempre: estas son MIS opiniones.

lunes, 10 de febrero de 2014

American Hustle

Pomposa, con una trama fácil de seguir pero con poco espacio para la sorpresa. Probablemente por ahí andaría la crítica negativa: una vez se ha planteado la situación y el hilo conductor, y hemos ubicado a los personajes, tan solo cabe ir dejando pasar los minutos (excesivos), siempre atentos pensando que alguna artimaña del guionista hará despegar a la película y logrará hacer que el espectador salga de la sala con cara de tonto, pero desgraciadamente ese momento lo sigo esperando mientras escribo estas modestas impresiones.



Y entonces, ¿a qué tantas nominaciones y tan buena crítica? Bueno pues el listado de cosas destacables, positivas e incluso magníficas que tiene esta obra de David O.Russell (Silver Linings Playbook, The fighter) es largo. Para empezar y por aquello de predicar con el ejemplo de la propia película y sacar el ‘As’ de buenas a primeras, diré que el elenco es incomparable. A la flamante ganadora del Oscar Jennifer Lawrence (grandiosa actriz, que sin embargo empieza a sumar enteros para convertirse en mi nueva Sandra Bullock, actriz que me ataca al sistema nervioso), se une un Bradley Cooper que se encuentra en un momento increíble de su carrera, demostrando que es algo más que una cara bonita, y una gran Amy Adams. Los tres secundando a un colosal Christian Bale. Una auténtica bestia de la pantalla, que invade cada escena con todos sus movimientos, miradas, gestos, muecas, silencios...



El director no se contenta simplemente con contar con grandes nombres sino que les saca mucho partido, logrando unos personajes caracterizados de forma perfecta.

Pero no terminan aquí las lindeces de esta película, pues tiene entre otras cosas una banda sonora de muchos quilates, de las que hacía tiempo (con el permiso de ‘Searching for Sugarman’) que no encontraba: Duke Ellington, Elton John, Paul McCartney, America, The Tempations, David Bowie…¿sigo? No es necesario.

Finalmente, queda una fiel reproducción de una época turbia para el FBI, la Nueva York de los años 70 y 80, que cuando ya ha presentado todas sus credenciales olvida poner la quinta marcha y se ahoga en sus propias pretenciones, algo que dadas las condiciones con las que cuenta, resulta algo indignante como espectador. Claro que no se puede decir que no hayamos sido avisados, pues el título no deja lugar al engaño.

viernes, 24 de enero de 2014

Jep Gambardella

El domingo pasado cerré la semana conociendo al gran Jep Gambardella, protagonista de la última película de Paolo Sorrentino: ‘La grande bellezza’.

Obra maravillosa. Antes de verla, y con el prejuicio en mente de que fuese una esnobada con la vieja y preciosa Roma de fondo, un amigo de cuya opinión cinéfila me fío, me comentó: “Es una de esas películas de las que sale una cada diez años”. Después de verla no me quedó más que darle la razón. Y es que existe el cine, y luego está ‘La grande bellezza. Uno no tiene la sensación de haber sido cautivado estando en la sala, tampoco al terminar piensas que has visto el peliculón del año. Y sin embargo te descubres ahí sentado en la butaca, inmóvil, embobado tragándote las letras de los créditos, hasta que 10 minutos después de terminada, el personal del cine te invita a salir, cuando la pantalla ha fundido definitivamente a negro. Nooo. Ya terminó esta deliciosa historia, piensas. Puedes darle las vueltas que quieras, pero cuando la película te ha humillado de esta forma, no puedes decir que no te ha encantado.


 Una vez digerida del todo (o al menos creo haber llegado a un punto en el que ya tengo alguna conclusión más o menos hecha), pienso en cuántas mierdas se habrán hecho para llegar a concebir una obra como esta. Cuantas cursiladas, cuanto Federico Moccia, cuantas historias insulsas, mal plasmadas, que no transmiten, vacías, obras pretenciosas que se han ahogado en la orilla. Y en cambio ahí está Jep Gambardella, elegante, tan a la deriva que ni siquiera llega a ser pedante. Sé de un entrenador de futbol (venido a profeta) al que probablemente se le haría el culo agua limón tratando de captar al vuelo algún solo consejo del esteta protagonista. La sordidez apoderada de un personaje cáustico, que se recrea en su propia decadencia, que lucha, sin ninguna intención de ganar, contra la nostalgia de sus años de plenitud, contra el paso del tiempo. Un hombre que hace de su derrota su modus vivendi. Como él mismo dice, un personaje que estaba destinado a vivir en la sensibilidad. La mirada crítica y melancólica de un estilo de vida que se va perdiendo en la modernidad, de una época dorada de su existencia (pero no sólo de ésta) que no regresará. 

Hasta aquí el análisis de un filme algo preciosista que me ha marcado. Me gustaría poder profundizar en otros temas que me escapan, como el retrato del estereotipo del dandy napolitano frente al romano clásico en extinción. Pero todo lo que pueda decir serían opiniones infundadas, pues mis desconocimiento de antropología italiana haría de esto un párrafo plagiado y empalagoso.

Como decía ese amigo mío, ahora habrá que esperar 10 años. Son de esas películas como 'Les invasions barbares' (Denis Arcand, 2003), que se dan en cuentagotas, y habrá que esperar que vuelva a aparecer algo similar.


jueves, 23 de enero de 2014

La vida de los otros

La semana pasada volví a ver una de las grandes películas europeas de la última década: la alemana ‘La vida de los otros’. Llevaba 6 años esperando a volver a verla. Me entusiasmó cuando lo hice por primera vez, y precisamente por ello quise dejar un espacio considerable de tiempo para olvidar detalles y recuperar así el frescor de las primeras veces.

Dirigida por Florian Henckel von Donnersmarck, ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

Carlos Boyero dijo de la misma: "De las películas más perturbadoras, trágicas y comprensibles que haya visto en mucho tiempo. (...) Me ha dejado tocado".


El protagonista, Ulrich Mühe.
Y es que parece imposible no quedar cautivado por el protagonista. Su mirada perdida, su sutileza, sus dudas, su miedo, invitan al espectador a viajar con él. Una película nada belicosa, que expresa su pensamiento y su sentimiento de una forma casi involuntaria lo cual no le impide ser un filme con mucha fuerza.

La trama se sitúa en la RDA, también conocida como la Alemania Comunista, en plena Guerra Fría, concretamente en el Berlín de 1984. Un país en el que la Stasi, la policía secreta, persiguió a todo el que se oponía ideológicamente al régimen.

Para mí el mayor éxito y lo más valioso de la misma es el personaje de Gerd Wiesler, brillantemente interpretado por Ulrich Mühe (que lamentablemente perdió la vida al poco de estrenarse la película), más conocido como el oficial HGW XX/7 del servicio de inteligencia y espionaje de la Stasi. Éste tiene encomendada la misión de vigilar al exitoso escritor Georg Dreyman (Sebastian Koch) y su esposa, una famosa actriz de teatro. Su cometido no es otro que relatar de forma rigurosa, todo lo que suceda en la vida del artista, cuya casa está totalmente minada de micrófonos, y redactar informes de su día a día. Sin embargo, a lo largo de la película sucede algo que ni la Stasi ni el propio agente HGW XX/7 podían imaginar. Una especie de Síndrome de Estocolmo a la inversa, en el que el espía, a medida que va avanzando en su misión, se va enamorando del talento y la intimidad del genio vigilado, hasta tal punto que es absolutamente rehén de su aura.

                                           

Una película llena de fuerza que habla de la represión, la impotencia y la tragedia inherente a toda dictadura; la persecución ideológica, el control sobre el ser humano, la manipulación de su forma de pensar. Un viaje, a través de las emociones, por un capítulo muy gris de la historia moderna de Europa. Pero yo iría más allá, pues es una película absolutamente actual. Supongo que  a más de un miembro del NSA le debieron pitar los oídos viendo esta obra de arte, y no son pocos los símiles llenos de sorna que se han hecho entre Obama y el protagonista del filme. Como sucede con los clásicos, que tocan temas inmortales, ‘La vida de los otros’ está llamada a no pasar nunca de moda, a no dejar de ser actual aunque pasen los años. Da buena cuenta de lo imprescindible que es la cultura como altavoz de la sociedad, sobre todo en regímenes opresores.

La guinda la pone una frase final que, igual que a Carlos Boyero, me dejó tocado. Una muestra fiel de la sutileza de un diálogo llevada al extremo que logró ponerme la piel de gallina y emocionarme.


viernes, 17 de enero de 2014

La sonrisa de Mandela. De John Carlin.

Transcribo a continuación algunas de las citas que me han gustado del libro de John Carlin, que por otra parte tampoco es ninguna maravilla ni la gran obra que esperaba sobre Mandela, pero sí un relato muy sentido que da una idea de por qué fue tan especial, tan único y probablemente el personaje más influyente de la historia reciente.
Los apuntes acerca del carisma y la empatía son de gran ayuda para comprender la esencia de este gran personaje.

"El apartheid equivalía a un genocidio moral".

"Fue un profesor del colegio quien le puso el nombre de Nelson, en honor del más famoso de los Almirantes Británicos".

"¡Es increíble! ¡Mandela fue capaz de perdonar a todos sus enemigos, pero fue incapaz de perdonar a su exmujer!"

Cubierta del libro (Destino, 2013).

Sobre el carisma:
"Mandela tenía la nobleza verdadera de la naturalidad y no era consecuencia de un esfuerzo mental consciente. Los americanos habrán escrito cuarenta tesis dosctorales y más libros de autoayuda que analizan los tributos necesarios para imponer tu personalidad, hacer amigos e influir en la gente. Pero Mandela es un líder natural. Posee una tremenda confianza en sí mismo. Siempre está convencido de caerle bien a la gente. Tiene la absoluta certeza de ello y, cuando tienes esa seguridad, desprendes unas vibraciones que llamamos carisma. Cuenta con un antivirus en su sistema que lo invita a creer que les parece simpático a todos". 
Tony O'Reilly, empresario irlandés que conoció a Mandela.

"Por desgracia para los escritores de tesis doctorales y manuales de autoayuda ese carisma de alto voltaje es algo con lo que se nace, o en algunos casos se aprende de pequeño. Como señalaba O'Reilly, sólo puede ser algo natural".

Sobre la empatía:
"Mandela poseía una extraordinaria empatía. Como herramienta de liderazgo, la empatía vale el doble que cualquier otra, porque combina la generosidad con la habilidad de sacar réditos políticos, Mandela interiorizaba los miedos y aspiraciones de sus enemigos, les dejaba claro que los comprendía y al ser capaz de ponerse en su piel conseguía ganarse su gratitud y estima, al tiempo que les tomaba la delantera en las negociaciones. Los líderes afrikáners con los que pactó sucumbieron a su embrujo, pero nunca fueron capaces de comprender su forma de pensar como él entendía la de ellos".

La figura del líder:
"Un líder de verdad es alguien que nos puede ayudar a superar las limitaciones de nuestra pereza individual y de nuestro egoísmo y debilidad y miedo y lograr que hagamos cosas mejores, y más difíciles que las que podemos hacer por nosotros mismos" David Foster Wallace (periodista).

martes, 26 de noviembre de 2013

Domingo, día de fútbol

Todo estaba listo para que echara a rodar el balón, que aunque fuera lo de menos, servía de excusa. Ojos hinchados, caras dormidas, un frío interesante y gorros que nunca debieron haber pasado de proyecto de diseño (gracias More). Pronto empezó el interminable desfile de tuercebotas ataviados en sus mejores galas, conscientes de que fuera del terreno de juego iban a estar los mayores pivones (hoy casados) de sus años mozos. Lástima que muchos parecieron olvidar que el chándal es la prenda que delata la edad por antonomasia. Todavía recuerdo el de mi padre, de aquél color verde turquesa con tela de licra…hoy hasta la OMS lo prohibiría (no sé si por retener peligrosamente el sudor o por atentar contra la sensibilidad estética visual). Ni rastro ya de las chaquetitas con cremallera (tan de los 90), y qué divino creía estar ese hombre que, dicho sea de paso, ha agotado sus recursos para camuflar esa prominente alopecia, vestido con el último modelo de chándal Nike (OJO, Nadal y CR7 nunca deberían ser una referencia en tu armario, amigo).

Los partidos dieron comienzo y afortunadamente, corríjanme enviando sus hojas de reclamaciones al 5505 si me equivoco, no hubo que lamentar lesiones graves. Más allá del golpe en la cadera de Fulanito, o el chichón de Menganito, excusa indecente para no volver a hacer deporte en una buena temporada sin remordimientos. Pero ciñámonos a la verdad, lo importante estaba fuera del terreno de juego. De acuerdo, no pasaremos por alto la palomita del cancerbero de Molins&Co (por cierto, repasemos el atuendo…5 pelado), los quiebros del sempiterno Rovinaldo, el toque de Aldea o, por favor no lo intenten en sus casas, el lamentable penalti a lo Panenka de Ponsa.




El plan pareció salvar a muchas familias que no sabían adónde llevar a sus gremblins en esa soleada mañana dominical, y en algunos momentos incluso se rió a carcajadas del titular de portada que presentaba la biblia de la endogamia burguesa de Barcelona, que decía que en dos mil nosequé morirá más gente de la que nacerá. Desde aquí un abrazo al cenizo que publicó eso y otro al lumbrera que cobra por dirigir dicho rotativo. Miles de niños manteniendo su particular pulso con la ley de la gravedad, contagiándose virus menores dentro de los castillos inflables (el alter ego invernal de las piscinas de amoníaco en las que pasan sus veranos), padres con cara de poca preocupación mientras sus bolsillos se veían amenazados por el fenómeno del ratoncito Pérez cuando sus hijos iban aterrizando en el magnífico tartán del lado Besós del campo de fútbol (con cariño para mis amigos de Jueves Trampa) y sus vástagos aparecían con el Cadí dibujado tras el labio.

No pasaron desapercibidos aquellos que aprovecharon la circunstancia de que el protagonista del día se sentó cerca de la barra para poner a prueba a la organización y su cálculo en cantidad de zumos de cebada. ¿Pero qué os creíais piltrafillas? Jofre no se anda con chiquitas y debió creer que el torneo era de rugby porque trajo producto para emborrachar a Ernesto de Hannover (bueno, o al menos para que cogiese el puntillo tontorrón; no hay que subestimar al bueno de Ernst). Además de cervezas no podía faltar el aroma del café más famoso del siglo XXI, chúpate esa George Clooney. What else? Pues mucho else, guaperillas de medio pelo. Para empezar unos cabronzuelos trajeron desayuno a gogó, no haremos propaganda, pero por culpa de ellos el que escribe estas líneas alcanzó cotas Hommerianas de consumo de donuts y demás bollería (con LL; a la mejor puta se le escapa un cuesco). Una furgo con hot dogs (Frankfurts de toda la vida, dicho en inglés para inflar el precio, en la mejor campaña de marketing de la historia, después de Enrique Iglesias, cantante).

Lucía el sol en el templo del fútbol posh de Sarriá. Un escenario inmejorable para tan especial jornada, co-protagonizada por ilustres amigos de Jano. La grada fue testigo de que con el elixir de la juventud al Guapi le regalaron dos cursos CEAC de peluquería y estilismo, pues de lo contrario que venga Cuarto Milenio y me explique cómo su melenita restó impertérrita al viento durante todo el día. Gustó ver a Miguel Bertrán tratando por todos los medios de hacerse con un billete para la final (llegó a jugar hasta en 8 equipos, y se comenta que sobornó a los árbitros), hito que finalmente no logró pero sí su aparición en la fotografía del artículo que hará que el torneo pase a los anales de la historia de La Razón. Además, dicho artículo nos servirá para cerciorarnos de que lo del domingo no fue un sueño si no que sucedió de verdad.

Entre tanto, las distintas escuadras de viejas glorias exhibían su fútbol de época.  Goles de bella cuenta (me gusta esta frase tan Juan Carlos Rivero), palomitas en HD y regates (slow motion) característicos de jugadores de antaño. Mientras las  generaciones nacidas en los 70 se empecinaban en plagiar la cola de vaca de Romario a Alkorta (nunca imaginé que pondría la palabra Alkorta en un post) y las croquetas laudrupianas, los de los ochenta tiraron de la elástica de Ronaldinho (que tanto castiga el menisco y el ligamento cruzado), pero qué más da, imprime un punto rococó a su fútbol de salón.

El resultado, una jornada increíble compartida por 20 generaciones distintas de exalumnos del San Ignacio y amigos varios de Jano, llegados de frentes muy distintos, bajo el abrigo del ambiente futbolístico de los red devils barceloneses (hasta Aniento quiso formar parte de dicha jornada). Fue un placer ver caras que tanto cariño (y algo de fútbol) le han dado a este campo a lo largo de las últimas décadas. Lo que antes era arena (que tantas rodillas y muslos decoró) hoy es una mayestática alfombra verde de hierba artificial (primero fue la mili, ahora los campos de tierra…las generaciones venideras terminarán por no saber lo que vale un peine).


Por último comprobar que pese a que muchos seguirán contando a sus hijos que ellos ganaron al Barça con un gol de chilena, sólo una generación dirá la verdad cuando lo haga: los chicos dorados del Centenari, hoy convertidos en Janivell. Gran torneo el de ellos y cantada victoria. Aclarar a los hermanos Segura que la beneficiencia terminaba fuera del campo, y que lamentablemente ningún filántropo nos pagaba por goles marcados, así que no hacía falta un resultado tan abultado en la final. Siempre podréis decir que queríais rendir vuestro particular homenaje a Jano plagiando lo que reza su email: janete007.

martes, 8 de octubre de 2013

Insignificante



Dedico demasiado tiempo a maldecir la rutina, seguramente porque la malinterpreto como falta de sueños, como una vida de persona gris. FALSO. Por ello volé a Los Ángeles, en busca de algo distinto, de distancia con el hogar (familia, amigos, Barcelona). Necesitaba aire y ver vida más allá de la burbuja endogámica en la que vivo. Ahí fueron cayendo lo que yo creía “hostias”/ “problemas” de toda índole. Sin embargo mi carácter optimista me hizo ver lo afortunado que era por poder estar viviendo una etapa distinta en mi vida, y poder gozar del placer de estar “solo ante el peligro” en un escenario desconocido. 

Más allá de la experiencia, pues el post nada tiene que ver con ella, volví a España lleno de sueños, ideas, y sentimientos cruzados. Poco a poco fui digiriendo toda la etapa estadounidense, y parece que pronto estaré de nuevo asentado, probablemente, en Barcelona. Podría interpretarse que todos mis sueños grandilocuentes mueren aquí, pero para nada. He encontrado un punto a medio camino entre el soñador y el escéptico que me ha llevado a ser más sencillo (que no simple, ojo), que me ha enseñado a no buscar el sentido de mi vida afuera, si no darle sentido a lo que ya tengo (así como a lo que voy encontrando en mi camino, claro). De esta forma siempre podré “controlarlo”, pues seré yo quien se lo dé, y no dependeré de si lo encuentro o no. Y escribo controlar entre comillas porque, como dice ÉL (¿quién? Seguid leyendo), ni siquiera nuestra vida es nuestra.
 
Las experiencias se comprenden con el tiempo, reposan y toman otros colores. Una de las cosas que me ayudó a entender el momento de mi vida por el que pasaba al afrontar mi vuelta a Barcelona tras mi etapa fuera (siempre un shock; todo el que lo haya vivido sabe de qué hablo) fue no ser tan pretencioso, no intentar buscar siempre que se alineen los astros…dejar que las cosas sucedan y punto. Una amiga dijo algo así como “que el traqueteo de la carretera acomode los melones”. Vivir, e ir disfrutando con y de TODO.


No estaría contando toda la verdad de este proceso si no hablara de mi reencuentro en el mes de julio con un buen amigo. Uno de esos guaperas, cachondo, de los que caen bien a todo el mundo, currante. ¿Me explico? Bueno por si acaso no he sido clarividente, hay quien se refiere a la gente como él como “un tío de p… madre”. Llevaba un par de años sin verle, justo el tiempo en el que su cuerpo ha mutado de forma escalofriante por culpa de una maldita enfermedad que ni los médicos saben cómo tratar. Mi amigo tiene ELA. Pero mi amigo también tiene muchas más cosas que ELA. Por de pronto dos cojones como dos camiones (me perdonaréis, hoy he aparcado la diplomacia), es un líder, una persona inquieta y con ganas de aprender constantemente. Te cautiva con sus malditos ojos azules que no dejan de pedirte que compartas con él todo lo que sientes y piensas. ¡¡¡Te escucha!!! Preciado tesoro hoy en día; sí, es de las pocas personas que no espera a que acabes de hablar para hablar él, si no que se pone en tu piel cuando le cuentas algo. Su cuerpo se ha debilitado, y lo seguirá haciendo, pero sus ojos siguen ahí, impertérritos, dispuestos a acompañarte donde tú quieras llevarles. Paradójicamente, el que te está guiando es él a ti, y lo mejor de todo, tú no te das cuenta en el momento.

En su fase de degeneración, sus brazos han dejado de funcionar, su caminar es errante (por suerte sólo en lo físico) y ha perdido la capacidad de hacer por sí mismo algunas de las cosas más cotidianas que uno pueda imaginar. En toda esta mierda de proceso, me enseña a sonreír cada día. Me habla de lo que significa un buen abrazo, sentir algo más que la piel del otro mientras te rodea con sus brazos, de lo maravilloso que es escuchar el ruido del mar, del regalo que supone una noche de verano bajo las estrellas; mientras, yo asisto entre lágrimas (creo que de alegría, por lo fácil que lo dibuja todo) al espectáculo de ver cómo se conecta con la vida. Cómo se abraza a ella. 

Soy un privilegiado por conocer su corazón, porque me hace sentir vergüenza en cada uno de mis lamentos. Cada vez que algo no me parece bien me siento estúpido. Gracias a él, entre otras cosas, hoy soy más sencillo, insisto, que no simple, y por ello las cosas me van mejor. Una óptica que me ha ayudado a ver lo insignificante que llego a ser cuando me empeño. Gracias JANO, por gritarme cada día que la vida es maravillosa. Tu lucha es nuestro orgullo y nuestra bofetada de realismo vital; el aviso de que todo es más básico. Qué fácil es la vida, ¿verdad? Te queremos tío, ¡feliz cumpleaños!

P.d. Os invito a conocer a Jano en su web. Un paseo increíble que no os podéis perder!
http://www.dgeneracion.com/ 

jueves, 26 de septiembre de 2013

La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera.


A continuación, un par de citas que me han llamado la atención de la célebre novela del autor checo Milan Kundera:
 
Pág. 227  Los personajes de Kundera según el propio Kundera.

"Todas esas situaciones las he conocido y las he vivido yo, sin embargo de ninguna de ellas surgió un personaje como el que soy yo, con mi curriculum vitae. Los personajes de mi novela son mis propias posibilidades que no se realizaron. Por eso les quiero por igual a todos y todos me producen el mismo pánico: cada uno de ellos ha atravesado una frontera por cuyas proximidades no hice más que pasar. Es precisamente esa frontera (la frontera tras la cual termina mi yo), la que me atrae. Es más allá de ella donde empieza el secreto por el que se interroga la novela. Una novela no es una confesión del autor, sino una investigación sobre lo que es la vida humana dentro de la trampa en que se ha convertido el mundo".



Pág. 275-276 Todos necesitamos ser mirados.

"Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.

- La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público.

- La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas. Son más felices que las personas de la primera categoría quienes, cuando pierden a su público, tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas. (…).

- Luego está la tercera categoría, los que necesitan la mirada de la persona más amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad. (…).

- Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores. (…)".