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lunes, 2 de marzo de 2015

Birdman: bendita vencedora.

Con una semana de retraso, y tras un año sin actualizar el blog (que no sin escribir; acabáramos) aquí llega mi modesta crónica de los Oscars. 

Mejor película: Birdman.
La gran triunfadora de la noche, de forma merecida, la original, pintoresca y descabellada película del mexicano Alejandro González Iñárritu. Acostumbrados a su cine cargado de tragedia y de drama (‘Amores perros’, ‘21 gramos’ y  sobre todo ‘Biutiful’ son tres buenos ejemplos), con Birdman hace las paces con lo estéticamente correcto (si se me permite acuñar este término) y nos cuenta la miseria humana de una forma más urbana, menos desagradable y en definitiva sin sobrecargarla de putas, drogas duras, cuerpos desfigurados y sexo (que ojo, ya gusta, y mucho; pero no como discurso único). Salí del cine contento de haber visto una buena película con un reparto a la altura de las mejores y una burla fantástica de todo lo que gira en torno a ese circo que es Hollywood y la industria del cine en general. Para mí el punto diferencial con respecto de sus competidores por la estatuilla es que Birdman tiene destellos de extraordinaria que aunque poco constantes a lo largo de la película, no se manifiesta en ninguna de las demás candidatas al Oscar.


Mejor director: Alejandro G. Iñárritu por Birdman.
Sin ser un entendido de cine en lo que a técnica se refiere, y desde la visión de un mero fanático de sofá, me parece digno de destacar su plano secuencia, y seguramente eso le ha hecho alzarse con la estatuilla de mejor director. La competencia de este año era la que era, todo sea dicho, así que de nuevo: más que merecido.

Guión: Birdman.
La idea me parece genial: aprovechar el Batman de Tim Burton para lanzar al vuelo constantes mensajes envenenados a la industria del cine y sobre todo a la crítica. Hay en el filme diálogos de mucha calidad, y me parecen brillantes, conceptualmente los personajes de Edward Norton y Emma Stone. Una historia del éxito, del fracaso. De querer ser, o querer gustar. ¿Es más importante ser uno mismo? ¿O vender? 

Mejor actor: Eddie Redmayme
He aquí mi gran desilusión de la noche. El no-Oscar de Michael Keaton. Salí del cine tocado por la varita de las grandes interpretaciones. El papel me parece fuera de serie, una capacidad única de viajar entre registros en cuestión de micro segundos y un repertorio de carantoñas y muecas cercanas a las del mejor e indiscutible Jack Nicholson.
En detrimento de Keaton sale vencedor un jovencito (33 años) londinense que nos regala en ‘La teoría del todo’ una interpretación espectacular, de acuerdo. Ni un pero se le puede poner al encargado de encarnar (magistralmente) al físico Stephen Hawking. Para los que conocemos la ELA de cerca, la interpretación es un azote de cruda realidad que hace muy complicado concentrarse en la película por lo borrosa que se vuelve la pantalla a lo largo de las 2 horas que dura la cinta.
Quizás mi único punto es que no deja de ser una “imitación” (imitación Cumm Laude, eso sí) de alguien que existe, de esas que tanto gustan a la Academia, y en defensa de Keaton hablan los múltiples personajes que logra incluir en un solo papel. Aun así, bravo Eddie Redmayne y por supuesto mención especial a su discurso de auténtico número 1 acordándose de todos los enfermos de ELA. Huele a actorazo en potencia.
Y me sabe mal, porque creo que la Academia ha cedido a “lo fácil”, y a uno ya le cansa que cada vez que se encarna a un personaje real (Lincoln, Ray Charles, Thatcher...) si la interpretación es digna, ya no tiene rival para el Oscar.

Mejor actriz: Julianne Moore. Probablemente el Oscar más cantado de la noche. No puedo opinar por no haber visto la película. Pero se cumplieron los pronósticos.

Actor de reparto: J.K. Simmons. Tan solo hay que ver Whiplash y no hace falta saber quién más optaba al Oscar. Dudo que las casas de apuestas pagaran muy caro su premio. Soberbia actuación y memorable discurso.



Actriz de reparto: Patricia Arquette. Lo único que salva Boyhood. Me cuesta abstraerme del profundo desagrado que me causó la película para valorar únicamente el papel de Arquette. Lo que sí diré es que el 'acceptance speech' me pareció peor que flojo y que rozó el bochorno, por facilón y populista. Y cómo no, ahí estaba Meryl Streep, aplaudiendo cual posesa en primera fila. Y como Meryl aplaude, la crítica está de acuerdo en que el discurso fue bestial.

Menos mal: que no ha ganado Boyhood. De lo contrario, el título de la ganadora del año pasado bien podría haber sido premonitorio para justificar la elección: 12 años de esclavitud. Si el único argumento para ganar es un rodaje atípico que se prolongó 12 años, mal vamos. Y bien hace la Academia de no claudicar y de al fin y al cabo no ser esclava de esos 12 años. La película es un bodrio insufrible, en el que no pasa nada, que busca emociones simplonas y con demasiados tramos (y demasiado largos) propios de película de serie B de sábado por la tarde en esa cadena televisiva española que celebra ahora sus 25 años de emisiones (14 de anuncios).

Lo mejor: Sean Penn entregando el Oscar de la noche a la mejor película. Uno no se da cuenta de la mediocridad de algo hasta que aparece un genio y hace patente las carencias de todo lo demás. Colosal con su simple presencia y su elegante y magistral temple despreocupado para poner el punto emocionante y el chiste de la noche.


Porque hay quien necesita extender un cheque y comprar el mejor reloj, un traje a medida, un estilista que dicte su look, un deportivo de lujo y un cacharro de museo al lado para pensar que es elegante. Y aun son esos mismos los que suelen convertirse en horteras y snobs a partes iguales (o la mezcla de ambos). Y sin embargo, ahí tienen ustedes a Sean Penn: con cara de desprecio ilustrado, un bigote “no lo intenten en sus casas” y su rara belleza. Y con un par de muecas y adueñándose del tempo (como ningún otro supo lograrlo en toda la gala), tiene a medio planeta más que en vilo (esperando conocer la mejor película del año) admirando su clase. Y lo que los perseguidores de la elegancia o la clase no saben es que Sean Penn podría haber salido vestido en neopreno y pies de pato a dar el Oscar, y hubiera continuado siendo el más elegante. (Se es o no se es).

Dentro de la categoría de “lo mejor” no quisiera olvidarme de Zoe Saldana, Naomi Watts…vamos, las de siempre.

Lo peor: Meryl Streep manipulando el momento “In memoriam”y tratando de adueñarse del sentimiento de pérdida hacia todos aquellos que nos han dejado este año: y el resultado fue que más que darle sentimiento pareció un profesor de catequesis dirigiendo unas palabras a sus alumnos guitarra en mano antes de cantar cumbayá.
Para mí Meryl Streep no logra quitarse la etiqueta de repelente “sabelotodo”, de madrastra controladora, de mojigata: es la imagen de la perpetua “virgen hasta el matrimonio”. Eso sí, también es la mejor actriz que hay ahora mismo en la capa de la tierra (sin lugar a dudas). Lástima que se lo crea, porque le faltó autenticidad, frescor y gracia.

El gran olvidado: el cirujano de Julie Andrews, que sin duda merecía un Oscar honorífico, ya que al lado de John Travolta la veterana actriz parecía su hija y tiene la friolera de 20 años más que él.


Como siempre: estas son MIS opiniones.

lunes, 10 de febrero de 2014

American Hustle

Pomposa, con una trama fácil de seguir pero con poco espacio para la sorpresa. Probablemente por ahí andaría la crítica negativa: una vez se ha planteado la situación y el hilo conductor, y hemos ubicado a los personajes, tan solo cabe ir dejando pasar los minutos (excesivos), siempre atentos pensando que alguna artimaña del guionista hará despegar a la película y logrará hacer que el espectador salga de la sala con cara de tonto, pero desgraciadamente ese momento lo sigo esperando mientras escribo estas modestas impresiones.



Y entonces, ¿a qué tantas nominaciones y tan buena crítica? Bueno pues el listado de cosas destacables, positivas e incluso magníficas que tiene esta obra de David O.Russell (Silver Linings Playbook, The fighter) es largo. Para empezar y por aquello de predicar con el ejemplo de la propia película y sacar el ‘As’ de buenas a primeras, diré que el elenco es incomparable. A la flamante ganadora del Oscar Jennifer Lawrence (grandiosa actriz, que sin embargo empieza a sumar enteros para convertirse en mi nueva Sandra Bullock, actriz que me ataca al sistema nervioso), se une un Bradley Cooper que se encuentra en un momento increíble de su carrera, demostrando que es algo más que una cara bonita, y una gran Amy Adams. Los tres secundando a un colosal Christian Bale. Una auténtica bestia de la pantalla, que invade cada escena con todos sus movimientos, miradas, gestos, muecas, silencios...



El director no se contenta simplemente con contar con grandes nombres sino que les saca mucho partido, logrando unos personajes caracterizados de forma perfecta.

Pero no terminan aquí las lindeces de esta película, pues tiene entre otras cosas una banda sonora de muchos quilates, de las que hacía tiempo (con el permiso de ‘Searching for Sugarman’) que no encontraba: Duke Ellington, Elton John, Paul McCartney, America, The Tempations, David Bowie…¿sigo? No es necesario.

Finalmente, queda una fiel reproducción de una época turbia para el FBI, la Nueva York de los años 70 y 80, que cuando ya ha presentado todas sus credenciales olvida poner la quinta marcha y se ahoga en sus propias pretenciones, algo que dadas las condiciones con las que cuenta, resulta algo indignante como espectador. Claro que no se puede decir que no hayamos sido avisados, pues el título no deja lugar al engaño.

viernes, 24 de enero de 2014

Jep Gambardella

El domingo pasado cerré la semana conociendo al gran Jep Gambardella, protagonista de la última película de Paolo Sorrentino: ‘La grande bellezza’.

Obra maravillosa. Antes de verla, y con el prejuicio en mente de que fuese una esnobada con la vieja y preciosa Roma de fondo, un amigo de cuya opinión cinéfila me fío, me comentó: “Es una de esas películas de las que sale una cada diez años”. Después de verla no me quedó más que darle la razón. Y es que existe el cine, y luego está ‘La grande bellezza. Uno no tiene la sensación de haber sido cautivado estando en la sala, tampoco al terminar piensas que has visto el peliculón del año. Y sin embargo te descubres ahí sentado en la butaca, inmóvil, embobado tragándote las letras de los créditos, hasta que 10 minutos después de terminada, el personal del cine te invita a salir, cuando la pantalla ha fundido definitivamente a negro. Nooo. Ya terminó esta deliciosa historia, piensas. Puedes darle las vueltas que quieras, pero cuando la película te ha humillado de esta forma, no puedes decir que no te ha encantado.


 Una vez digerida del todo (o al menos creo haber llegado a un punto en el que ya tengo alguna conclusión más o menos hecha), pienso en cuántas mierdas se habrán hecho para llegar a concebir una obra como esta. Cuantas cursiladas, cuanto Federico Moccia, cuantas historias insulsas, mal plasmadas, que no transmiten, vacías, obras pretenciosas que se han ahogado en la orilla. Y en cambio ahí está Jep Gambardella, elegante, tan a la deriva que ni siquiera llega a ser pedante. Sé de un entrenador de futbol (venido a profeta) al que probablemente se le haría el culo agua limón tratando de captar al vuelo algún solo consejo del esteta protagonista. La sordidez apoderada de un personaje cáustico, que se recrea en su propia decadencia, que lucha, sin ninguna intención de ganar, contra la nostalgia de sus años de plenitud, contra el paso del tiempo. Un hombre que hace de su derrota su modus vivendi. Como él mismo dice, un personaje que estaba destinado a vivir en la sensibilidad. La mirada crítica y melancólica de un estilo de vida que se va perdiendo en la modernidad, de una época dorada de su existencia (pero no sólo de ésta) que no regresará. 

Hasta aquí el análisis de un filme algo preciosista que me ha marcado. Me gustaría poder profundizar en otros temas que me escapan, como el retrato del estereotipo del dandy napolitano frente al romano clásico en extinción. Pero todo lo que pueda decir serían opiniones infundadas, pues mis desconocimiento de antropología italiana haría de esto un párrafo plagiado y empalagoso.

Como decía ese amigo mío, ahora habrá que esperar 10 años. Son de esas películas como 'Les invasions barbares' (Denis Arcand, 2003), que se dan en cuentagotas, y habrá que esperar que vuelva a aparecer algo similar.


jueves, 23 de enero de 2014

La vida de los otros

La semana pasada volví a ver una de las grandes películas europeas de la última década: la alemana ‘La vida de los otros’. Llevaba 6 años esperando a volver a verla. Me entusiasmó cuando lo hice por primera vez, y precisamente por ello quise dejar un espacio considerable de tiempo para olvidar detalles y recuperar así el frescor de las primeras veces.

Dirigida por Florian Henckel von Donnersmarck, ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

Carlos Boyero dijo de la misma: "De las películas más perturbadoras, trágicas y comprensibles que haya visto en mucho tiempo. (...) Me ha dejado tocado".


El protagonista, Ulrich Mühe.
Y es que parece imposible no quedar cautivado por el protagonista. Su mirada perdida, su sutileza, sus dudas, su miedo, invitan al espectador a viajar con él. Una película nada belicosa, que expresa su pensamiento y su sentimiento de una forma casi involuntaria lo cual no le impide ser un filme con mucha fuerza.

La trama se sitúa en la RDA, también conocida como la Alemania Comunista, en plena Guerra Fría, concretamente en el Berlín de 1984. Un país en el que la Stasi, la policía secreta, persiguió a todo el que se oponía ideológicamente al régimen.

Para mí el mayor éxito y lo más valioso de la misma es el personaje de Gerd Wiesler, brillantemente interpretado por Ulrich Mühe (que lamentablemente perdió la vida al poco de estrenarse la película), más conocido como el oficial HGW XX/7 del servicio de inteligencia y espionaje de la Stasi. Éste tiene encomendada la misión de vigilar al exitoso escritor Georg Dreyman (Sebastian Koch) y su esposa, una famosa actriz de teatro. Su cometido no es otro que relatar de forma rigurosa, todo lo que suceda en la vida del artista, cuya casa está totalmente minada de micrófonos, y redactar informes de su día a día. Sin embargo, a lo largo de la película sucede algo que ni la Stasi ni el propio agente HGW XX/7 podían imaginar. Una especie de Síndrome de Estocolmo a la inversa, en el que el espía, a medida que va avanzando en su misión, se va enamorando del talento y la intimidad del genio vigilado, hasta tal punto que es absolutamente rehén de su aura.

                                           

Una película llena de fuerza que habla de la represión, la impotencia y la tragedia inherente a toda dictadura; la persecución ideológica, el control sobre el ser humano, la manipulación de su forma de pensar. Un viaje, a través de las emociones, por un capítulo muy gris de la historia moderna de Europa. Pero yo iría más allá, pues es una película absolutamente actual. Supongo que  a más de un miembro del NSA le debieron pitar los oídos viendo esta obra de arte, y no son pocos los símiles llenos de sorna que se han hecho entre Obama y el protagonista del filme. Como sucede con los clásicos, que tocan temas inmortales, ‘La vida de los otros’ está llamada a no pasar nunca de moda, a no dejar de ser actual aunque pasen los años. Da buena cuenta de lo imprescindible que es la cultura como altavoz de la sociedad, sobre todo en regímenes opresores.

La guinda la pone una frase final que, igual que a Carlos Boyero, me dejó tocado. Una muestra fiel de la sutileza de un diálogo llevada al extremo que logró ponerme la piel de gallina y emocionarme.


martes, 5 de febrero de 2013

Sigue siendo el rey



El pasado domingo tuve la suerte de ser invitado a la gala de los V Premios Gaudí de la Acadèmia del Cinema Català, en la cual disfruté de mi primera experiencia, de las miles que van a venir a partir de ahora, con la industria del cine. Caras famosas, gente elegante y un acto ágil pese a sus 2 horas y media de duración. Como siempre algún premiado que aprovechó su momento de gloria para hacer casi un testamento, y otros que con dosis de humor, con mayor o menor acierto, agradecieron el haber sido elegidos para el premio. Como era de esperar los mayores aplausos para todo aquél que incluía en su speech un chiste en el cual pusiera en entredicho el buen hacer de la castigada clase política, y si era del partido gobernante, mejor. Sin embargo la gala no perdió en elegancia y espontaneidad, cosa no siempre fácil en este tipo de actos que siempre se miran obsesionados en la gala de premios por antonomasia (una que se celebra cada año en el teatro Kodak de Los Ángeles el último domingo de febrero). En mi opinión, la ceremonia supo mantenerse en su lugar y no fue pretenciosa.



 Los principales triunfadores fueron la 'Blancanieves' de Pablo Berger (especial mención al amigo Alfonso de Vilallonga por su premio al mejor motnaje musical), 'Lo imposible' de J.A. Bayona y 'Con una pistola en cada mano' de Cesc Gay. El post podría continuar hilvanando frases hasta contaros todos los detalles de dicha gala, pero me centraré en el director de orquesta, el maestro de ceremonias. Igual que en todos los ámbitos de la vida, cuando seleccionas a los mejores tu probabilidad de éxito es casi total, y ayer la Academia del Cinema Català puso simplemente al mejor para gobernar la noche: Andreu Buenafuente. Gustará más o menos, pero el cómico de Reus fue el motor, el que llevó el ritmo y lo vimos mucho más suelto que en los últimos años en televisión. Como dijo su colega de profesión Jordi Évole en twitter, "veo a Buenafuente muy en forma". Vaya si lo está. Andreu volvió a su lengua materna (el catalán), como era obligado en esta ocasión y hay que decir que se le ve mucho más fresco, ágil y sobre todo rápido. Decía el filósofo Julián Marías que cuando uno habla otro idioma (si lo habla bien) es como si viajara a otro yo, por la posición de la boca, por la entonación, por la canción de cada idioma. Salvando las distancias (pues al fin y al cabo el catalán y el castellano se asemejan considerablemente), pero se nota que la lengua materna de Buenafuente es el catalán. Se le ve más cómodo, logra sacar esa pizca que le pone a 100, le convierte en excelso. Ojo, en castellano es igualmente bestial, al menos a mi juicio, pero quizás su humor es algo más forzado. No quiero que este parezca un escrito que busca controversia y que se centre como quien no quiere la cosa en la inmersión lingüística: nada más lejos de la realidad. El que escribe estas líneas es de habla castellana (pese a hablar perfectamente catalán) y cuando quiero transmitir el 100% de algo, lo hago en la lengua en la que me siento más cómodo. No significa ello que no pueda lograrlo en otros idiomas, pero sin duda cuando busco la excelencia lo hago en castellano.
                                                                                                                                             
Buenafuente es un genio, el número 1, y no hay ningún otro humorista capaz de toserle en el panorama español. Es así de simple. Elegante, hilarante y con unas tablas al alcance de muy pocos. Capaz de hacer reír sin caer en la ordinariez (como les sucede a la mayoría de cómicos actuales) y colando un gag detrás de otro sin perder el hilo ni el timón, con una capacidad de improvisación que, más allá de que forme parte de un guión o no, a ojos del espectador es espontánea. Sabe enlazar la realidad del momento social a la gala o programa que está presentando, y sus recursos son interminables. Sin pelos en la lengua, magnífico lanzador de dardos y con una colosal forma de reírse de sí mismo. Ayer me metí en la cama con una sonrisa, feliz por mi primer contacto con este atractivo mundo de la gran pantalla pero también por haber recuperado sensaciones de hace muchos años, de aquél Andreu de TV3 que me hacía meterme en la cama más tarde de lo que prefería, cuando todavía iba al colegio. Buenafuente es garantía de éxito, pero ayer me fui a la cama pensando: "sigue siendo el rey" (a mucha distancia del resto).

viernes, 23 de noviembre de 2012

Deconstructing Harry



Ficha técnica:
Director: Woody Allen
Guionista: Woody Allen
Dir. de fotografía: Carlo Di Palma A.I.C.
Producción: Sweetland films
Año: 1997

Estamos ante una de las grandes obras de Woody Allen. Estrenada en 1997, el genio neoyorquino propone una historia con claros tintes autobiográficos (como en muchas de sus películas), irónica, fresca, rebosante de ingenio y creatividad, el director de Annie Hall y Manhattan nos presenta a Harry (encarnado por él mismo), un escritor depresivo, adicto a los fármacos, tormentoso y con una vida plagada de fracasos amorosos, que encuentra el éxito con obras en las que relata las distintas vidas de sus amigos más cercanos, disfrazadas con otros nombres pero al fin y al cabo hablando de ellos.

Ello, pese a llevarle a una incontestable popularidad y la buena acogida de las listas de ventas, le acaba enfrentando a sus amigos, puesto que en la novela narra aspectos íntimos y prohibidos de éstos y de sí mismo. Allen habla de los miedos de todo creador a quedarse sin ideas, a sufrir temporadas aciagas de silencio obligado por no tener nada que contar, dando a luz a un más que probable alter ego de su propio yo. Con un reparto de lujo (Billy Cristal, Demi Moore, Robbin Williams, Judy Davis o Kristie Alley entre otros), el director, guionista y actor protagonista de Desmontando a Harry inventa situaciones que harán llorar de risa al espectador y escenas inenarrables que pasarán a la historia del cine, como su particular "Descenso al Mällstrom" (infierno) en ascensor, en el que una voz en off va anunciando piso por piso lo que se puede encontrar en cada módulo del infierno.



Probablemente uno de los mejores guiones de Woody Allen, (y eso es mucho decir) en el que saca a relucir temas tan recurrentes en su carrera como la obsesión por las prostitutas, su hipocondría, la relación con los psicoanalistas, y sus fracasos en el amor, sin dejar pasar la oportunidad de atizar a todos aquellos seres insulsos que aparecen en nuestras vidas a diario. Una película ácida, rebosante de inteligencia, elegante humor y con un ingenio al alcance de muy pocos. Desde aquí aplaudo la creatividad del guionista americano, que reproduce sus sentimientos y pensares en cada escena.

Frases como "las dos palabras más bonitas de nuestro idioma no son 'te quiero' sino 'es benigno' " han quedado ya grabadas en letras de oro en la historia del cine.

martes, 31 de enero de 2012

Los descendientes: la herencia.

Me ahorraré hacer una sinopsis de esta película, puesto que si alguien está interesado puede ver el tráiler que propongo a continuación, pero me gustaría explicar lo que ha hecho que Los Descendientes me gustase.


Un film que habla de la herencia, y para ello utiliza las dos vertientes del significado de esta palabra: la herencia de bienes por un lado y por otro, el legado sentimental que regalas a los tuyos cuando tu cuerpo deja de tener sentido. El guionista enlaza perfectamente estas dos acepciones uniéndolas en una simpática comedia con tintes de un tremendo drama que hace pasar de la lágrima a la carcajada indistintamente.
Más allá de Clooney (que realiza un buen trabajo que le permitirá luchar por el Oscar, aunque yo creo que lo ganará Jean Dujardin por The Artist),  también Shaylene Woodley hace un buen papel de hija adolescente que acelera hacia la madurez en vista del duro golpe que se le avecina. No quisiera pasar por alto algunos detalles francamente fuera de lugar como los diálogos (en realidad monólogos) en forma de discusiones con la mujer en coma que contrastan con escenas cómicas que arrancarán las carcajadas del respetable, todo ello bajo una divertida Banda Sonora; pero sin duda lo mejor del film es el guión (basado en la novela de Kaui Hart Hemmings), y por ello centraré mi comentario en él.

Quiero hacer hincapié en el tema de la herencia que comentaba al principio. No podemos resumirlo sólo al testamento de tus bienes y derechos, si no que también son tus actos, las consecuencias de tu vida, pues cuando lo que haces ya no sólo incumbe a uno mismo hay que andarse con pies de plomo. Parece que a veces olvidamos este punto, y hace tiempo que pienso en ello, quizás por eso mismo la película me ha gustado tanto. La vida son tus actos, ellos son los que hablarán de ti cuando ya nadie quede para defender tu honor, y por ello es importante pensar en alguien más que en ti mismo.

Pongamos por caso el ejemplo de la película: la infidelidad inconfesa en un matrimonio. Una madre que ha puesto su vida por delante de la de sus seres queridos, pensando probablemente que la existencia es demasiado corta como para no hacer lo que uno quiere y cuando quiere, o que el tiempo lo pondrá todo en su sitio. Sin embargo “¿qué pasaría si te llegara la muerte mañana?”. Considero importante vivir teniendo presente nuestro propio fin, y no lo digo desde el punto de vista del Peter Pan que llevamos dentro que nos pide que aprovechemos cada momento como si fuera el último y que vivamos al límite, no. Al contrario, lo digo desde el punto de vista de que hay que ser capaz siempre de responder de tus actos, pero sobre todo tus actos deben poder responder por ti siempre, porque nosotros nos iremos y nuestros actos se quedarán para representarnos ante los que lloren nuestra ausencia.

Hay que saber distinguir entre quién es importante en tu vida y quién es una mera diversión, y sobre todo tener en cuenta el dolor que pueden causar tus egoístas secretos, tus mentiras…en resumen tu lado oscuro cuando se descubra y tú ya no estés para defenderlo o mejor dicho tratar de explicarlo. Al fin y al cabo la importancia de la transparencia, de vivir en paz con el mundo. Tus actos te pueden convertir en un villano una vez muerto y el dolor y la vergüenza no lo sufrirás tú, si no tus seres queridos. Es una mirada distinta a los peligros de llevar una doble vida, una vida oculta a tus seres más queridos.