jueves, 26 de septiembre de 2013

La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera.


A continuación, un par de citas que me han llamado la atención de la célebre novela del autor checo Milan Kundera:
 
Pág. 227  Los personajes de Kundera según el propio Kundera.

"Todas esas situaciones las he conocido y las he vivido yo, sin embargo de ninguna de ellas surgió un personaje como el que soy yo, con mi curriculum vitae. Los personajes de mi novela son mis propias posibilidades que no se realizaron. Por eso les quiero por igual a todos y todos me producen el mismo pánico: cada uno de ellos ha atravesado una frontera por cuyas proximidades no hice más que pasar. Es precisamente esa frontera (la frontera tras la cual termina mi yo), la que me atrae. Es más allá de ella donde empieza el secreto por el que se interroga la novela. Una novela no es una confesión del autor, sino una investigación sobre lo que es la vida humana dentro de la trampa en que se ha convertido el mundo".



Pág. 275-276 Todos necesitamos ser mirados.

"Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.

- La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público.

- La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas. Son más felices que las personas de la primera categoría quienes, cuando pierden a su público, tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas. (…).

- Luego está la tercera categoría, los que necesitan la mirada de la persona más amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad. (…).

- Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores. (…)".
 

martes, 16 de julio de 2013

Ja sóc aquí



Subo la ventanilla para contemplar la costa catalana. Reconozco nítidas las Islas Medas, reinando sobre un Mediterráneo probablemente agitado en esas zonas del litoral gerundense. Pals, Begur, y sigo bajando por la Costa Brava. Preciosa a esta hora de la tarde (qué coño, y siempre). Pronto termina para dar paso al Maresme: más monótono, más lineal...para finalmente sobrevolar el puerto olímpico y la torre Mapfre donde mis viejos amigos estarán tecleando los últimos emails del día.

Seguramente entre toda la maraña de edificios que pueblan el pie de la montaña barcelonesa, estará el abuelo tomando una cerveza en el balcón de su casa, acompañado de sus inseparables cacahuetes Eagle y disfrutando, caluroso como es él, de la brisa casi nocturna de esta tarde de las postrimerías del mes de junio barcelonés.


Mientras tanto, miles de turistas juegan a voleibol o se forran a caipirinhas en la playa de la Nova Icària o Barceloneta, exponiendo sus carteras y otros enseres de menor valor a los miles de ladronzuelos (a los que me abstendré de poner nacionalidad) que buscan hacer el agosto.

A la altura de Castelldefels mi madre y hermana desafían a la DGT volando sobre el asfalto. Dios quiera que, por el bien de todos, sea la segunda de las dos la que conduzca.

Al tiempo que el calculador Diego chequea en cualquier aplicación de última generación el status de mi vuelo, mientras busca una plaza de parking para aparcar su coche en la terminal. Es más, a estas alturas ya debe saber cuándo hicieron la comunión los hijos de la azafata sobrecargo, pues el chaval es muy ducho con esto de los smartphones. Llevamos año y medio sin vernos, más que por la indecente ventanilla de Skype, la mayor fuente de cariño material del expatriado.

Algo variará, pero no creo que me haya equivocado mucho, la vida sigue igual en mi querida Barcelona. Ja sóc aquí.