martes, 13 de diciembre de 2011

Sensaciones de un Clásico


Comenzó el partido, se paró el planeta futbolístico y todas las miradas giraron en torno a 22 futbolistas. O debiera decir 21 deportistas profesionales y un extraterrestre. Tras semanas de tertulias y de platós de televisión disfrazados de verdulerías, los dos equipos más competitivos del fútbol mundial se daban cita en un Santiago Bernabeu vestido de gala para la ocasión.

Optimismo y prepotencia en la casa blanca, esta vez sí, esta vez iban a terminar con el Barça de Pep, pondrían fin a un ciclo e inaugurarían la reposición de la galaxia. Todo el madridismo apoyándose en la estadística de que las segundas temporadas de Mou son letales, eso, y que el Barcelona ha tropezado más de lo habitual en lo que va de campaña. Números en mano el Madrid estaba incontestable: 14 victorias consecutivas y un balance goleador estratosférico.

El partido se las prometía felices para los locales cuando un tempranero gol de Benzema tras despiste de Valdés se convertía en mal presagio para los culés más sufridores. El socio más veterano, el que ha sufrido las épocas anteriores y posteriores a Cruyff, fiel a su estilo empezó a maldecir al portero catalán, y con el paso de los minutos las malas sensaciones tornaron en pesadilla, ¿estábamos ante el fin de ciclo? ¿la muerte era eso? Ni mucho menos: Coge el balón el elegido, conduce, deja en evidencia a unos cuantos robots musculados vestidos de blanco, cede para el desconocido Alexis y éste con un chut cruzado pone las tablas en el marcador. Ya está, todo en orden, los culés hemos comprobado lo que necesitábamos ver: el Madrid sigue sin saber qué hacer con Messi.

Ese fue el punto de inflexión del partido. A partir de ahí el engominado de Terrassa cogió la batuta del partido, leyó y dirigió el partido con maestría y la maquina engrasó su engranaje. Todo empezó a funcionar a las mil maravillas y el Barça hizo lo que mejor sabe hacer: jugar a fútbol. Fue el partido de las sensaciones, y es que cuando este equipo recupera sus buenas vibraciones, es imposible pararlo. Puyol se acordó de lo que era una noche pletórica y rugió en la defensa levantando un muro infranqueable, volvió a parecer un crío de 25 años, despejando con cualquier parte del cuerpo y jugándose la cara en cada acción. Messi como de costumbre, correteó a sus ansias por el campo, yendo a recibir al mediocampo y arrastrando hasta a 3 y 4 desesperados defensas. Ello creó espaciós, Pep lo vio y decidió pasar a la defensa de 3, sí, una osadía si tenemos en cuenta que el Real Madrid firmaba unos registros goleadores inigualables, y que según la Central Lechera era la mejor artillería del planeta. Con Alves jugando casi de extremo, el Madrid quedó desdibujado, Alexis hizo un trabajo físico excelente, Cesc volvió a demostrar que la suma de ADN de La Masia y experiencia de casi una década en la Premier le convierten en uno de los jugadores más maduros de esta Liga, lo cual le da a Pep unos recursos interminables. Mención especial merece el rigor defensivo del Barcelona y por último el caso aparte: Don Andrés.

Don Andrés es un tipo al que le cuesta entrar en el partido, que parece que la tensión y el pique propios de un clásico no vaya con él, un tipo que no hace ruido, pero poco a poco va leyendo las coordenadas del juego y se va entonando hasta que recupera sensaciones, y cuando Iniesta sintoniza con la frecuencia del fútbol se convierte en un virtuoso, un profeta, un artista…A los más nostálgicos nos recuerda al gran Zinedine Zidane, por su forma de mimar el balón, de caracolear, de no fallar ni un solo pase y de hacer que la magia parezca al alcance de todo el que se lo proponga. Pero aquí habría que advertir con el “no lo intenten en sus casas”, puesto que el talento es exclusividad de unos pocos. El sábado este albaceteño de 27 años dio una cátedra de fútbol, bailó el balón, bailó el tempo del partido y sobre todo bailó a la defensa que tantas veces intentó pararle los pies. ¿Se imaginan lo difícil que es destacar cuando juegas en el mismo equipo que un tal Leo Messi?

Sobre el Madrid:

El Real Madrid volvió a evidenciar que está a años luz del Barcelona en cuanto a fútbol se refiere, y si compites a fútbol, por suerte gana el que más atesora en sus botas.
Si antes hablabamos de las sensaciones positivas, hay que abrir un nuevo capítulo para analizar el problema del Madrid:

La presión: Desaparecidos en combate

No puede ser que un equipo que aspira a todo no sepa administrar la presión propia de estos partidos, y el equipo de Chamartín empieza a sufrir una fobia al Barcelona que se ha visto multiplicada desde la llegada de Mourinho al banquillo.
El Madrid no puede permitirse que su jugador más importante desaparezca en los Clásicos. Pero CR7 no es el único. Hay que unir a la lista a Marcelo, que cuando juega contra el Barcelona se desquicia, y parece un juvenil, lleno de nervios y propenso a caer en infantiles provocaciones que le llevan a errores de risa. Similar a Pepe y Ramos que ya ni siquiera buscan el balón si no cazar alguna pierna y suelen cargarse con una amonestación al poco del inicio del partido lo cual les condiciona el resto del encuentro. Otro que no da la talla es el irregular y díscolo Özil.

El drama del mediocampo:

Además, por mucha pegada que tenga el equipo blanco, no puedes presentar tu candidatura a conquistar el mundo con tan sólo un centrocampista con piés y cabeza: Xabi Alonso. No son propios del Real Madrid ni Kedhira (de los cuales estoy seguro que en la Liga Adelante hay 30 iguales o mejores) ni tampoco Lass Diarra. Por no hablar de Coentrao, cuyo fichaje sólo me explico mirando la estratosférica comisión que debe haberse embuchado Mourinho. Y si a este pobre centro del campo le sumas que el Barcelona cuenta con hasta 6 virtuosos del balón para esa demarcación (dejando en el banquillo a Thiago), y Messi baja a recibir hasta casi medio del campo y Alves se suma a la fiesta sin desentonar…las diferencias son abismales.

Con este cuadro, el Madrid tiene mucho trabajo, quizás más conceptual que otra cosa, y lo peor de todo es que por mucho que trabaje el aspecto táctico y físico, que es lo único que puede hacer ahora mismo, tiene un auténtico cáncer: la actitud. Y la actitud es uno de esos cánceres de difícil curación.

El resultado del Clásico es una buena noticia para este deporte: los futbolistas ganaron a los atletas, la creación pasó por encima de la destrucción y mientras ello suceda podemos disfrutar de este deporte muchos años.

Saludos y hasta la próxima,

P.D. Creo que tras esta enésima demostración ya nadie duda de que este equipo es muy superior al Dream Team al que en un enfrentamiento directo le habría dado un soberano baño.