martes, 21 de febrero de 2012

El matrimonio Roncero-Esteban

Hace ya años que lo único que veo en televisión es cine y partidos de fútbol. Sin embagro detesto profundamente las tertulias y programas que giran entorno a este deporte (que tanto amo) y viven de él.

Me he decidido a escribir sobre la televisión de este país este mediodía, mientras comía y en la mesa de al lado uno de los comensales se sulfuraba por las palabras de uno de los participantes de una famosa tertulia futbolera (llámese participante, llámese actor, llámese bufón, titella...pero por favor evítese llamarle periodista).

Es preocupante que millones de españoles dediquen una hora al día a ver las noticias deportivas, total para que les digan algo que pueden intuir y que se puede contar en una frase: “Hoy el Barça ha entrenado, punto y final”. Sin embargo la parrilla viene llena de Tertulias plagadas de forofos que gritan sus opiniones viscerales en busca de cuatro hipócritas aplausos y algún seguidor más para su cuenta de twitter. Y ahí está Punto y Pelota: una amenaza al buen gusto. Un gallinero lleno de fulanas y desgraciados dando gritos mientras sus productores se frotan las manos y piensan en los millones de garrulos que están viendo ese circo. Pero si hay que destacar a alguien por encima del resto, ése es Tomás Roncero. Alguien sin ningún tipo de amor propio que ha vendido su “honor” (si algún día lo tuvo) al mejor postor: los catetos. Alguien que vive feliz de regalar mierda a cambio de dinero.

Por supuesto, este formato tiene su origen en la prensa del corazón, un mundo que levanta pasiones, que nos hace partícipes de la vida de unas terceras personas desconocidas (los famosos) y que muchos sufren como si fuera la propia. Ahí la reina indiscutible es Belén Esteban. Esa mujer que saltó a la fama por casarse con un torero con dificultades para la construcción sintáctica que tenía un dialecto propio. Poco tardó en no necesitar al torero para ser la reina del corazón, y ahora se dedica a deambular por platós televisivos, bañada en farlopa y haciendo gala de una cultura, sensatez, inteligencia y buen gusto digno de Premio Nobel. Eso es lo que le ha catapultado a unos índices de popularidad insospechados, y la ha convertido en la reina de España. Sí, por triste que suene, es la mujer más influyente del país. Unos tienen a Oprah, otros a Angela, y nosotros nos enorgullecemos de tener a Belén.

Así las cosas, tenemos una familia real en el mundo de la telebasura caracterizada por el matrimonio Roncero-Esteban, un canto al analfabetismo hermético.

Todo ello cortesía de una larga lista de cadenas televisivas, periódicos, radios y en definitiva medios de comunicación que deberían ser castigados penalmente por enaltecer el terrorismo cultural de los españoles. Por encima de todos destaca Telecinco. ‘Alguien’ tendría que alzar la voz y cerrar esta cadena (yo hace tiempo que eliminé de mi TDT): Regalar a la ciudadanía semejante basura no produce ningún bien, no nos ayuda en nada, y es enorgullecerse de la incultura que lleva por bandera el grueso de habitantes de este país. Es dar motivos y poner facilidades para que siga habiendo chonis e indocumentados que si dedicaran el mismo tiempo que dedican a la telebasura a aprender idiomas, leer o lo invirtiesen en su propia formación probablemente la competencia de nuestro país aumentaría.

Habrá reforma laboral, recortes en Sanidad, en Educación…pero nadie habla de este drama, nadie quiere tener la impopularidad de prohibirlo porque da demasiado dinero a mucha gente. Ningún político quiere mediar por los intereses del espectador, mirar por su bien, y probablemente tanto tiempo dedicado a la industria de la tele basura hace que mucho talento se haya perdido y se esté perdiendo cada día. El coste de oportunidad es enorme y los daños intelectuales causados son incalculables.